La temporada navideña es un momento especial para compartir con seres queridos, especialmente con los más pequeños de la familia. La anticipación de la llegada de Papá Noel y los Reyes Magos llena de ilusión el ambiente. Sin embargo, ¿qué sucede cuando esta festiva época se ve eclipsada por una avalancha incontrolable de regalos para los niños?

Es importante reflexionar sobre esta situación en la que vivimos inmersos. En nuestra sociedad consumista, a menudo asociamos el consumo con la felicidad, dando la impresión de que lo material tiene más peso que lo emocional.
La publicidad y los medios nos inundan con anuncios de regalos y juguetes, llevando a los niños a creer que esto es más relevante que compartir estas fechas con la familia y amigos. Esta dinámica incita a los niños a pedir más y más regalos.
Es habitual presenciar en Navidad a niños desembalando paquete tras paquete, nerviosos y excitados, sin prestar atención a cada regalo, incapaces de valorar lo que reciben y mostrándose aburridos poco después. Regalar en exceso no es beneficioso; acostumbrar a los niños a no dar valor a las cosas puede generar insatisfacción y frustración.
Además, el exceso de regalos apaga la creatividad de los niños, ya que la clave para que disfruten no está en la cantidad de juguetes, sino en su capacidad para imaginar y fantasear mientras juegan.
Es esencial enseñar a los niños a disfrutar no solo de los regalos, sino también de actividades en familia. Adornar la casa, cantar villancicos, elaborar postres navideños son actividades que pueden proporcionarles una felicidad duradera. Transmitirles que lo realmente importante es disfrutar compartiendo fortalecerá su aprecio por los momentos especiales.
En esta Navidad, busquemos educar a nuestros pequeños en valores como la solidaridad y la generosidad. Que estas fiestas estén llenas de momentos significativos y felices para todos. ¡Felices Fiestas!